10 observaciones sobre el déficit fiscal

El Gobierno de la República propuso a la Asamblea Legislativa un Presupuesto Nacional para el año 2015 con un déficit financiero del 6,7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).  Este déficit es uno de los altos de las últimas décadas de la historia del país.

Al respecto, es importante hacer varias consideraciones.

Primero, la situación deficitaria de las finanzas públicas viene desde el año 2009. Por lo tanto, se trata de una herencia que ha recibido el actual Gobierno.

Segundo, en términos numéricos, el aumento del déficit del Gobierno Central como proporción del PIB entre 2006 y 2014 es el resultado de un aumento de los gastos.  Los ingresos como proporción al PIB se han mantenido relativamente constantes.

Tercero,  el incremento de gastos ha ocurrido principalmente por el aumento del gasto en remuneraciones (número de empleados y salario promedio) y en las transferencias.

Cuarto, el déficit fiscal del Gobierno Central hasta ahora no ha representado una amenaza a la estabilidad de la economía (tasas de interés, tipo de cambio e inflación) porque una fracción importante ha sido financiada en el exterior. Esto ha sido posible porque en Estados Unidos prevalecen baja tasas de interés, además del lento ritmo de recuperación de su economía.

Quinto, el financiamiento externo del déficit fiscal ha permitido que las tasas de interés locales se mantengan y que por lo tanto los deudores (Gobierno, empresas y hogares) no sientan las consecuencias del financiamiento del déficit fiscal.

Sexto, la degradación de la calificación de riesgo de la deuda soberana de Costa Rica no ha resultado una tragedia, pero sí es una llamada de atención para recordarnos que los mercados financieros externos podrían no seguir financiando en forma indefinida nuestro déficit fiscal.

Sétimo, las tasas de interés en Estados Unidos podrían aumentar si se consolidara el proceso de su recuperación económica. Las expectativas de los inversionistas en Estados Unidos apuntan hacia un aumento de las tasas de interés en el segundo semestre de 2015.   En este caso, habría un endurecimiento de las condiciones de financiamiento externo de Costa Rica, lo cual nos colocaría en una condición de riesgo para financiar el déficit fiscal con consecuencias sobre la estabilidad local de las tasas de interés, del tipo de cambio y de la  inflación. En otras palabras, el tiempo que tiene Costa Rica para resolver su situación fiscal sin consecuencias graves depende de qué tan rápido o qué tan lento ocurra el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos.

Octavo, la existencia de un fuerte déficit fiscal tiene consecuencias financieras como las señaladas en el párrafo anterior, pero también tiene implicaciones en la estructura del gasto.  En la medida que aumente el endeudamiento, el pago de intereses aumentará y expulsará  en el Presupuesto Nacional a otros gastos como educación, salud e infraestructura.

Noveno, la reducción del déficit fiscal no es un objetivo en sí, es un medio para evitar la inestabilidad económica y una forma para que el Gobierno pueda cumplir con su tarea en el campo de la infraestructura y de las políticas sociales. Un déficit alto, como el programado para el próximo año, no permitirá al Gobierno de la República cumplir con sus objetivos de política económica y social.

Décimo, la reducción del déficit fiscal es una tarea política muy difícil porque pone en juego la capacidad de los tres poderes de la República. Necesita de una solución técnica viable pero que pase por el proceso de negociación política. Aquí surge una pregunta clave:  ¿tendremos la capacidad para enfrentar el déficit fiscal antes de que cambien las condiciones financieras externas?

 

 

 

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