A propósito de lo que está sucediendo y las leyes objetivas de la políticaional

261210berrocal1 A propósito de lo que está sucediendo y las leyes objetivas de la políticaional

Lic. Fernando Berrocal, Ex Ministro de la Presidencia

Una cosa es la vida privada y familiar de cada ciudadano, en el ejercicio de sus derechos y obligaciones. Dentro de ello,  incluyo las actividades laborales, empresariales y profesionales llamadas liberales, en el que cada Colegio Profesional o gremio respectivo, establece su propio Código de Ética. Ese es un mundo, a mi juicio, en el que cada cual se mueve conforme a su propia ética y en los límites del Estado de Derecho.

Otra cosa es cuando se traspasa ese mundo privado y personal, para  asumir un cargo en la función pública, como Presidente, Vicepresidente, Ministro, Vice Ministro, Diputado, Magistrado, Defensor de los Habitantes, Contralor, Procurador, Fiscal General, Embajador o cualquier otro cargo de elección sea popular o por designación de un órgano colegiado. Dentro de ello, incluyo a los elegidos en las cúpulas de los partidos políticos. Aquí operan unas leyes objetivas.

A veces, la prensa exagera, rompe límites y penetra el ámbito de lo primero. Por más respeto que se tenga por el principio de la libertad de prensa, hay que censurar y  oponerse a que la vida privada y familiar de los ciudadanos, sea objeto de investigación o de noticia periodística. En ese extremo tenemos que ser firmes y estar muy claros de esos límites infranqueables.

Otra cosa es la vida pública de los ciudadanos que han aceptado servirle al país, en cargos como los señalados y en las cúpulas de los partidos políticos.

Ahí, la prensa debe tener toda capacidad de investigación y todo el derecho de publicar el resultado de su trabajo periodístico. Es más, en ese extremo, la prensa debe ser respetada y asumida como un poder totalmente independiente y como el gran fiscal de la opinión pública. De ello depende, en mucho, la  vigencia de la libertad en una sociedad democrática.

Las reflexiones anteriores corresponden al mundo de los principios. Ahora, desde el punto de vista del ciudadano que decide asumir un cargo en la función pública o en los partidos políticos, esa es su decisión y esas son las condiciones objetivas. No hay otro escenario posible. Ese es el mundo real y  abierto, transparente, sujeto al control de la prensa, de la ciudadanía y de sus mandantes, así como de los Tribunales de Justicia.  Los cargos públicos deben asumirse con un gran espíritu de entrega y servicio al país y apego a unos determinados principios e ideales, pero consciente de la existencia de unos límites éticos y de control ciudadano que son reales, objetivos y previsibles.

Así es la política en una sociedad democrática. El que se mete en política y aspira con legítimo derecho, como cualquier otro ciudadano, a un cargo público, tiene que estar preparado para esa realidad objetiva de la política.

No se vale, después, cuando se es investigado o cuando sus actos son objeto de controversia pública, alegar “persecución política”. Ese es un estribillo bastante trillado. Más aún hoy en día, con el apogeo de las redes sociales y en un país, como Costa Rica, en que  nadie es billete de diez mil pesos. Aquí, todos somos igualiticos, en la cúpula o en la base de nuestra sociedad y el que no lo entienda, mejor que no se meta en política ni aspire a cargos de elección popular o representación partidaria.

Eso no quiere decir que estemos en un mundo de virtudes. Nada más alejado de la realidad y de la verdad que pensar eso. La política es un mundo bien jodido y complejo, lleno de intrigas, de bajadas de piso y cortadas de cabeza, hasta de odios enfermizos, por aquello que decía un gran Ex Presidente de la República de “que los celos en política, son peores que los celos en el amor” .  Así es aquí  e igual en todas partes del mundo, porque esa es la condición humana y así hay que asumirlo y entenderlo.

Pero hay límites. En los Estados Totalitarios, la sentencia es el confinamiento o los fusilamientos sin juicio o con juicios falsos. En los Estados Democráticos, existe el derecho a la defensa inmediata en los mismos medios de prensa (libertad de prensa y derecho de respuesta) y ante los Tribunales de Justicia, hasta que se establezca la verdad verdadera, conforme al Estado de Derecho.

Esa pelea es dura y enfurece cuando la verdad está del lado del funcionario público o del político. Es una lucha no sólo por la justicia y la verdad, sino contra el mismo poder establecido. Pero si la verdad no está del lado del funcionario público, lo que debe hacer ese ciudadano es callarse, renunciar a su cargo y defenderse en los Tribunales de Justicia. Lo mismo debe hacer quien, enjuiciado por actos no éticos o contrarios al sentimiento generalizado de la sociedad, aunque los mismos sean legales, decide mantenerse en el cargo. Es una cuestión de ética y de valores. Algunos lo hacen. Otros no.

En las últimas semanas, hemos visto de todo. Es más,  por las circunstancias políticas del cambio del gobierno y la lógica de los acontecimientos políticos en marcha, después de las últimas elecciones, esto seguirá siendo noticia y pan de todos los días. Hay quien está sufriendo injustamente el ácido de su excelente gestión ministerial. Hay quien fue atrapada con las manos en la masa y sin defensa posible. Hay quien deshonra a la Magistratura. Hay quien se aferra desesperadamente a su cargo político, como si no hubiera vida fuera de la política y su propio tiempo.

Humanamente, es difícil y duro encontrarse en una encrucijada de esa naturaleza. En nuestro país el régimen de opinión pública es muy fuerte. Eso es una gran conquista de nuestro sistema democrático. Se trata de las leyes reales y objetivas de la política, para bien o para mal. Es mil veces mejor esta realidad que el triunfo de la impunidad, la mentira o el cinismo de algunos.


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