Ahora sí, manos a la obra

El informe de los 100 días difundido este jueves por el presidente Luis Guillermo Solís ha venido a ratificar la impostura política de quienes nos han gobernado en el pasado reciente.

Ha venido a poner en blanco y negro, de manera oficial, lo que todos sabíamos y sufrimos a diario: que nos secuestraron la democracia, que nos robaron las instituciones y que hipotecaron gravemente nuestro futuro.

Y ha venido a confirmar, por otro lado, la gran sabiduría de nuestro pueblo al plantarle un rotundo “no” a esa clase política gobernante que desde siempre, y muy especialmente durante los últimos ocho años, traicionó su compromiso con la patria y los ideales de bienestar de toda una nación.

Así las cosas, y consciente de las arenas movedizas en las que le tocará gobernar, el presidente Solís ha trazado también en su discurso las líneas maestras sobre las que fundará su obra y que consistirá, esencialmente, en frenar la corrupción, reorganizar y hacer más eficiente el Estado.

Ya parece haber iniciado la limpieza con “balde, cepillo y jabón” en todas esas instituciones públicas que, como el INCOP, INCOFER, RACSA, CNFL, INVU, la Presidencia misma y muchas otras, lejos de servir al país, funcionan como califatos para solaz y placer de sus jerarcas, familiares, amigos y afines.

Su otro objetivo, ya en marcha, es entrarle a saco y fuego a la parte fiscal con estímulos a la producción y atracción de inversiones, reducción del gasto público, ajustes en la aplicación de los gravámenes y mejora del sistema de recaudación haciendo que los ricos, por fin, paguen impuestos así como respirándoles en la nuca, estén donde estén, a todos los evasores.

Todo ello, por supuesto, apuntando a la generación de más riqueza y a una mejor distribución de ésta, a la creación de más fuentes de empleo, a una mayor justicia en el régimen de pensiones y eficiencia en la ayuda a los más necesitados. Es decir, a una recuperación del estado social y democrático de derecho.

Para ello, todo lo que el presidente Solís pide es que lo dejen gobernar. Enhorabuena.

Desde hace 28 años ningún gobierno le entrega al siguiente un mejor país. De las brasas nos han pasado a las llamas con el agravante de que nos hemos mal acostumbrado a vivir en estado de emergencia nacional permanente, al filo de la navaja, pateando la crisis para adelante y convirtiéndola en la bola de fuego que es hoy.

El presidente Solís ha puesto las cartas sobre la mesa. Nunca antes, que yo recuerde, ningún mandatario se atrevió a hacer un diagnóstico tan puntual y crudo de la realidad nacional y del gobierno mismo. Ni siquiera se tomaron la molestia de investigar lo que se encontraron, mucho menos de detener la bacanal política de la que más bien fueron parte.

Si bien lo denunciado por el presidente Solís toca apenas la parte funcional y operativa de las instituciones, es de presumir lo que, a partir de esos focos de corrupción, venía ocurriendo a otros niveles con proyectos de la envergadura de minas, autopistas, coaseguros, licitaciones, refinerías, telecomunicaciones y energía.

Ante este informe y propuesta presidenciales, lo que queda es el debate fructífero y la acción inmediata. Nadie, salvo los políticos sin escrúpulos y cómplices del estado de cosas, podrá negar ni escabullir esa realidad nuestra. Más bien es una excelente oportunidad para que reivindiquen a sus partidos de los horrores del pasado.

La única salida es, de la mano del gobierno, unirnos y apoyar todas las medidas que sean necesarias, desde reformar leyes hasta eliminar instituciones (hay 22 dedicadas a la pobreza al tiempo que ésta empeora) para darle al país la vuelta de tuerca que demanda.

ed@columnistaedgarespinoza.com

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