Aquí, muy entre obispos

La Casa Presidencial se nos está convirtiendo en iglesia.

Dicen sus vecinos que ahí a cualquier hora se escuchan cánticos, plegarias y alabaos, y que de noche, a través de los ventanales, se observan sombras humanas moverse al ritmo trémulo de las velas encendidas.

Con la fe puesta más en el milagro o lo sobrenatural, los consejos de Gobierno ya no son foros para la discusión de asuntos nacionales sino, por lo que se oye, jornadas intensas de oración con brincos, aplausos y brazos al cielo, entre otras reverencias.

A los vecinos que preguntaron sobre lo que ocurría, un vocero oficial les dijo que se trataba de la maquinaria divina presidencial abriendo las “rutas de la alegría” prometidas y yendo al “rescate del país”.

Yo sabía que la venerable Casa Presidencial andaba descarriada y necesitaba con urgencia un cambio, pero no que la cosa fuera para tanto.

Yo juraba, incluso, que las cuentas en rojo con el cielo habían quedado saldadas desde que, hace un año, durante la misa de la “Negrita” en Cartago, los tres supremos poderes en piña le pidieron perdón por sus pecados públicos a la Iglesia católica.

Me pregunto qué habrá avizorado el presidente Solís como para nombrar en su gabinete desde el principio, y con tanta insistencia, a un obispo luterano como su ministro de la Presidencia. ¿No era mejor, acaso, uno puritano?

Si ya, de hecho y de derecho, don Luis Guillermo fue investido por nosotros como el “obispo” político para sanear la vieja y cuestionable forma de hacer gobierno ¿para qué otro de extracción religiosa que todo lo supedita a la voluntad del Señor?

Porque si a las apariencias nos atenemos, don Luis Guillermo tiene más cara de reverendo que el propio don Melvin Jiménez, pues mientras el presidente hace gala de un cierto garbo episcopal, el semblante del ministro se me antoja más terrenal.

¿Para qué entonces otro obispo? ¿Creerá don Luis Guillermo que la cosa nacional está tan jodida que sólo es posible echar mano de la Providencia en todas sus facetas y dimensiones?

Es probable, pues lo primero que ha hecho don Melvin es correr desalado a presentar un proyecto de ley que, entre otras iglesias, favorece a la suya, la luterana.

Es decir, estamos ante un obispo que renuncia temporalmente a su alto cargo religioso para asumir el alto cargo político, pero que no renuncia al privilegio de servir desde éste, con ostensible apremio, a la iglesia de sus amores.

Y es que, bueno… En el nombre de Dios cualquier cosa puede suceder. Si no que me desmienta la historia. Hasta declarar inconstitucional a don Melvin y que nada pase.

De entrada no más ya uno duda de la legitimidad del proyecto de marras al aparecer la iglesia luterana con semejante padrino aupándola y, de paso, las otras, como señuelos para seducir a una Asamblea Legislativa ya de por sí convertida en santuario de aleluyas y pastores.

Podría atribuirse esto también a una estrategia divina de don Luis Guillermo para, a través de esta simbiosis multirreligiosa, atraerse el voto del purpurado legislativo y regir nuestros destinos desde un cielo más despejado. Pero está por verse.

Esa es la desgracia de proyectos como el de “fertilización in vitro” que por carecer de un obispo que interceda en su favor, ni siquiera hoy, con toda la presión que se le ha hecho, los organismos involucrados y el tiempo que tiene de hacer fila, es prioridad como derecho humano.

¿No es ésta, acaso, una ruta de la alegría para tantísimas mujeres y familias pobres que no pueden irse fuera del país a practicarse la FIV?

Siendo nosotros un país tan complicado que demanda soluciones épicas, me cuesta entender esta política sacramental de don Luis Guillermo de tantos dioses para estar rogando pero ni un sólo mazo para estarle dando.

ed@columnistaedgarespinoza.com

, Aquí, muy entre obispos, http://www.crhoy.com/aqui-muy-entre-obispos/, http://www.crhoy.com/noticias/opinion/feed, CRHoy.com | Periodico Digital | Costa Rica Noticias 24/7 » Opinión, ,
CR Hoy Noticias, 5, cr-hoy-noticias


Deje una Respuesta