Costa Rica: un país exitoso

editorial 150x150 Costa Rica: un país exitosoHemos insistido en que Costa Rica es un país exitoso con algunos problemas severos, el más serio, un Estado que nos cuesta el 78% del PIB, entre los más onerosos del mundo, y cuyos niveles de ineficiencia implica pérdidas, conservadoramente estimadas en unos $7000 millones por año (20% de los costos públicos de operación). Sin embargo, los éxitos han sido notables y sostenidos durante toda las segunda parte del siglo pasado y lo que llevamos del presente, con excepción de algunos retrocesos originados en las crisis externas cíclicas, especialmente la de 1978-1982 y la más reciente y profunda, del 2008-2009, cuyas secuelas aún persisten.

Muchos costarricenses no coinciden con esta posición e insisten en una profunda crisis. Los resultados de las recientes elecciones parecen haber sido un voto de protesta por una serie de enojos colectivos y la sensación de que no estamos haciendo suficiente en beneficio del bienestar colectivo y en especial de los sectores en pobreza y vulnerabilidad. Y muchos creen que hemos llegado a un punto de inflexión, aunque quienes nos han ofrecido cambiar el país están encontrando que las cosas no son como parecían. Nosotros insistimos en nuestra posición, simplemente porque no es coherente con la realidad. No es aceptable en nuestra opinión que nos vengan a cambiar un país exitoso, aunque tal vez la noción de crisis ha sido aceptada por una parte importante de la población. Pero un país exitoso no se cambia. Lo cual no implica evadir la lucha por lograr niveles de desarrollo que eviten la exclusión política, social y económica de un sector importante de la población. Digamos, por ahora, que los retos que la actualidad y el futuro deben enfrentarse sobre hechos verdaderos, para lograr soluciones sostenibles.

No parece necesario insistir sobre el cambio radical y sus beneficios para todos los costarricenses, derivados de la Segunda República. Sus primeras tres décadas, cambiaron al país de una situación de pobreza generalizada a otro con coberturas sustanciales en materia sanitaria, educativa, salud, eléctricas, vías de comunicación, etc. La calidad de vida experimentó mejoras sustanciales. Surge la crisis de fines de 1970 y principios de 1980, que sume a más de la mitad de la población en pobreza. Pero también la acción rápida y contundente de nuestros gobernantes que, a mediados de la década, habían restituido la economía y llevado el bienestar a niveles cercanos a los de precrisis. No obstante, aparece con mayor claridad la globalización, que nos obliga a cambiar de modelo. El país no podía seguir metido en sí mismo, cuando el mundo se abría. Se abandona el modelo de sustitución de importaciones y se adopta uno nuevo, híbrido entre los que teníamos y algunos aspectos del liberalismo dominante.

No alcanza aquí el espacio para plantear que Costa Rica nunca se acomodó a las fórmulas neoliberales del Consenso de Washington y que el adjetivo neoliberal es utilizado, para descalificar posiciones sin tener que rendir cuentas por ello. Estudios serios lo demuestran con rigor y objetividad. Para ello recomendamos ver los indicadores, propios, del INEC y de muchos investigadores, incluidos en el capítulo La evolución de la economía nacional del libro Ajuste y Crecimiento en la Economía de Costa Rica 1982-1994, del Dr. Eduardo Lizano;y el excelente ensayo del Dr. Ennio Rodríguez contenido en la publicación Desigualdad y pobreza en Costa Rica. Sin embargo, sí queremos destacar que la década de 1980 -perdida para muchos países de la región que sí siguieron el modelo neoliberal- y la siguiente de 1990, fueron de progreso sostenido para Costa Rica, tanto en el aspecto económico como social.

¿Qué pasa en nuevo siglo? La historia es muy reciente para verla sin las pasiones de quienes han sido actores directos o partícipes indirectos a través de los mecanismos que nos ofrece la democracia. Pero las cifras son importantes. El crecimiento económico del país fue de los más altos de la región, nos constituimos en el mayor exportador per cápita y los beneficios económicos, a pesar de mediar la crisis más severa desde la gran depresión de 1929, tuvieron un importante impacto positivo en el ámbito social. En el año 2007 se dio un acontecimiento importante: la pobreza bajó por primera vez en varias décadas del 20% histórico para ubicarse en 16,7% pero, una vez más, la crisis arrasó con esa conquista. Sin embargo, las políticas sociales protegieron a la población de los efectos severos, que otros países no lograron evitar. CEPAL lo atribuye al alto gasto social per cápita, entre los tres más altos de América Latina.

Dos estudios recientes del PNUD, ejecutados por los investigadores nacionales, Pablo Sauma y Juan Diego Trejos, uno sobre pobreza y otro sobre desigualdad, ofrecen evidencia sobre los progresos de las dos más recientes décadas, aunque puntualizan también los problemas pendientes de solución. Resaltan el hecho de que el país haya pasado desde el año 2000 al 20011, de un 30% de familias en clase media, a un 40%, un salto cualitativo del 33%. Por otra parte, esos estudios también señalan la persistencia de la pobreza, medida por ingresos, de alrededor del 20%. Sin embargo cuando se mide por necesidades básicas insatisfechas, por ejemplo, salud, educación y vivienda, surge otro notable avance de nuestro país. En el año 2000, el 36,1% de los hogares costarricenses tenía al menos una NBI, cifra que bajó al 24,6% en el 2011.

También nos favorecen los índices de desarrollo humano de Naciones Unidas. Costa Rica sobresale aún entre países con mucho más recursos y riqueza y los indicadores de expectativa de vida y mortalidad infantil se ubican claramente al lado de países desarrollados. Más visible surge el éxito del país en el Indice de Progreso Social, que se aleja en parte del PIB y mide los avances de los países con 52 indicadores, ubicados en tres categorías. Costa Rica aparece primero en América Latina y entre 16 países desarrollados en un grupo o categorías de indicadores.

Hemos dicho que es importante ajustar nuestra visión a la realidad de los hechos. Costa Rica no está en crisis, aunque enfrenta problemas severos. Pero deberíamos enfrentarlos a partir de la confianza en nuestra capacidad histórica para tomar grandes decisiones. Los indicadores objetivos, algunos de los cuales hemos destacado, son evidencia de ello. Más importante, el negativismo derivado de la sensación de crisis, genera pérdida de confianza en nuestras potencialidades, producen crispación y polarización social, nos dispersa y nos impide ver con objetividad los problemas para resolverlos y avanzar a niveles superiores de desarrollo.


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