La suspensión de labores y los contratos de trabajo

Hay eventos en la vida de las empresas que impiden la producción o prestación de los servicios; el Código de Trabajo distingue aquellas causas en que media la responsabilidad del patrono, y aquellas en que ni el patrono, ni tampoco el trabajador son responsables de dicho evento.

Cuando se paraliza una empresa, y no se puede laborar, el ordenamiento jurídico ha dispuesto una serie de reglas que es preciso entender tanto para el empleador como para los trabajadores.

La regla general consiste en que las suspensiones de labores, o suspensión de los contratos de trabajo, como dice expresamente el Código de Trabajo, no implican terminación ni extinción de los derechos y obligaciones que emanen de los mismos.

Son contadas las excepciones a esa regla, y ellas son taxativamente:

a) La falta de materia prima para llevar adelante los trabajos, siempre que no sea imputable al patrono; (el embarque no llegó por un error, o llegó una materia prima de inferior calidad).

b) La fuerza mayor o el caso fortuito, cuando traiga como consecuencia necesaria, inmediata y directa la suspensión del trabajo (eventos de la naturaleza, tales como sismos, tornados, crecidas de ríos, o bien humanos, tales como incendios, explosiones, huelgas).

c) La muerte o la incapacidad del patrono, cuando tenga como consecuencia necesaria, inmediata y directa la suspensión del trabajo (fórmula secreta del producto, “know how” irremplazable; ausencia de reemplazo que de las instrucciones).

En estos casos, y casi que únicamente en ellos, ninguna de las partes es responsable, lo que quiere decir que esas suspensiones de labores suspenden los contratos de trabajo, pero no los extinguen. La suspensión del contrato implica que el trabajador no está obligado a trabajar ni a permanecer en el lugar de trabajo, y el patrono no está obligado a pagar el salario. Reitero, y esto es muy importante, el resto de obligaciones y derechos de ambas partes se mantienen.

Reiteradamente han resuelto nuestros Tribunales de Trabajo que la falta de recursos económicos del empleador no constituyen una justa razón para suspender los contratos de trabajo; ello constituye un riesgo inherente a todo negocio y a toda empresa, y el riesgo corre por cuenta del patrono o empleador. (Voto 968-2004 de la Sala Segunda).

La falta de fluido eléctrico que es tan común en nuestro país, si es inesperada y de corta duración, aconseja que el patrono pueda permitirle a los trabajadores el reanudar su trabajo una vez que se restablezca, reponiendo el tiempo perdido aún después de la hora normal de finalización de la jornada; sin embargo, si la falta de fluido eléctrico fue avisada, y el patrono no avisó de esto a sus trabajadores, no se releva de la obligación de pagar el día aunque no se labore.

La suspensión de labores, para ser legítimamente decretada, debe ser expuesta y probada por el patrono ante la Dirección Nacional de Inspección del Trabajo, la que debe rendir un dictamen en los próximos diez días después de recibida la solicitud.

Lo resuelto por la Dirección Nacional de Inspección no tiene ulterior recurso; en caso de acogerse la solicitud, se declarará la suspensión temporal de los contratos de trabajo. En caso de que se rechace, los trabajadores pueden optar por romper ellos mismos, y por la misma causa, los contratos de trabajo con responsabilidad patronal.

acarro@central-law.com

Asesor Laboral Corporativo

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