Llegó la Economía Naranja

Se entiende por Economía Naranja a las ideas creativas que se pueden transformar en bienes y servicios que producen valor agregado, destacando las actividades culturales en sus múltiples dimensiones.

En América Latina, la Economía Naranja representa cerca de 177.000 millones de dólares, dando empleo a cerca de 10 millones de personas. Por ello, varios países han tomado la iniciativa para crear métricas que permitan capturar de forma exhaustiva las actividades de la Economía Naranja, especialmente cuando se convierte en debate el destino de recursos públicos a la cultura.

En el libro “La Economía Naranja: una oportunidad infinita”, los autores estiman que si esta economía representara un país, sería la cuarta más grande del mundo, número nueve como exportadora neta de bienes y servicios y la cuarta fuerza laboral más grande. Y es que, pocos imaginan que el Circo du Soleil emplea a más de 5000 personas o que la Economía Naranja produce más de 2.5 veces lo que se destina a gastos militares en el mundo.

Costa Rica es un país pionero, pues tiene la primera Cuenta Satélite de Cultura de Centroamérica y el Caribe, la quinta de América Latina y la séptima del mundo.

Para ello, el Ministerio de Cultura, en coordinación con otras entidades, comenzó a medir el valor agregado de los sectores de la Economía Naranja: Editorial, Audiovisual y Publicidad, siendo este último desagregado a solicitud de los propios creadores.

En los primeros resultados del 2012, se encontró que estos sectores representan en promedio el 1.4% de la producción total del país, niveles similares a los del café y el banano juntos, empleando cerca de 21.000 personas y mostrando niveles crecientes en el periodo 2010-2012. Estas cifras, probablemente sean mayores conforme se incorporen nuevas metodologías que incorporen sectores informales.

Existen tres retos principales. El primero, es continuar incorporando los sectores culturales faltantes tales como: creacion literaria musical, artes escénicas y espectáculos públicos, artes plásticas y visuales, música, diseño, juegos y juguetería, patrimonio material, patrimonio inmaterial, patrimonio natural y formación cultural.

El segundo, es crear políticas públicas que fortalezcan el desarrollo, promuevan la creatividad y brinden oportunidades para la promoción de más actividades creativas, ya no sólo por el valor generalmente reconocido que no necesariamente es monetario, sino también como parte activa que dinamiza la economía costarricense.

Y el tercero, es aprovechar el alcance de la Economía Naranja, para incentivar programas institucionales contra la ilegalidad, así como la estandarización metodológica para incorporar actividades temporales o que se encuentran dentro de la economía informal, tan presente en todas las actividades de la Economía Naranja.

Hay una serie de actividades creativas, que en el tiempo no han sido vistas como de cultura popular por las entidades oficiales, a pesar del enorme contenido que tienen desde perspectivas como la literatura, la música, el baile, la producción escénica y la creación de espacios donde convergen diferentes subculturas. La Economía Naranja fortalace la oportunidad para profundizar la producción de más cultura popular, ya no solo como filosofía de Estado dependiente de un presupuesto público y juzgada como gasto y no como inversión, sino como todo un sector productivo, que puede ser sostenible en contenido y rentabilidad.

De igual forma, las políticas públicas deben reorientar su agenda para incentivar la cultura como una necesidad más del país, que fortalece el desarrollo de las habilidades de la gente, representa una de las principales actividades de ocio y además un motor importante de la economía, capaz de crear encadenamientos con otros sectores y crear más valor agregado.

El término de la Economía Naranja, no se encuentra tan difundido en Costa Rica, pero se encuentra en fuerte desarrollo en varios países desde hace más de una década, lo que permite aprovechar la cultura como industria para potenciarla y buscar más espacios que la fomenten y hagan sostenible. La difusión de estos aportes es fundamental, para que existan más ideas creativas capaces de transformarse y ser parte de la Economía Naranja, donde como cualquier otro sector, también necesita competitividad, propiedad intelectual y menos trámites.
Economía y Cultura, ¿van de mano, no?

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