NARCOSTA RICA

Si este país no está actualmente forrado en plata del narcotráfico, yo soy Dios.

Hacia donde usted mire; malls, edificios, jets, residencias, automóviles, yates, ropa o lujo… ¡Los números no dan!

El “debe” y el “haber” no cierran; usted los suma o los resta y no “hay”… Quiero decir, no hay duda de por dónde anda la procesión.

Pasa usted frente a ciertas tiendas, restaurantes, almacenes, boutiques, hoteles, joyerías y… ¡huelen! Huelen a detergente “Nárcox”, el quitamanchas que blanquea, limpia y espanta a la policía.

De “Banana Republic” a “Laundry Republic”. Horrible, pero nos estamos ganando bien ganado el mote. ¿Acaso no nos descubrieron hace poco enjuagando y escurriendo seis mil millones de dólares a través de redes y conexiones en todo el mundo?

La gran burbuja de jabón dentro de la cual está sumergido el país es tan alucinante como la misma droga que circula hoy por su cielo, mar y tierra haciéndonos perder las dimensiones.

Vean si no los precios de las propiedades, de los productos, de los servicios… Exóticos todos, como de otra galaxia, inalcanzables. Y que sepamos, todavía no somos ninguna potencia económica que exporte maná celestial. El país es aún demasiado pobre para lucir tan ostentoso.

Pero desvele usted no más la tenue piel de esa riqueza postiza y observará tras bastidores la frenética actividad que lo explica todo: carteles internacionales, helipuertos, furgones, naves sospechosas, vuelos sin registro, testaferros, dólares a chorros, ajusticiamientos, lavado…

No lo dude; el narcotráfico ha encontrado en Costa Rica su lugar de ensueño. El enclave perfecto para sus operativos; cero ejército, nada de armas, escasa vigilancia, legislación omisa, policía limitada y escuálidos recursos para combatirlo. O sea, la mesa servida.

Dicho en plata blanca, para el poderío de esa mafia somos un país tan de juguete que en un santiamén nos compra enteritos, si es que ya no nos subastó; si es que ya no nos remató.

No en vano nos ocupan a todo lo largo, alto y ancho: en la franja Caribe espantó al turismo todo; viola el espacio aéreo de la zona norte; se desplaza sin mayores contratiempos entre Paso Canos y Peñas Blancas; se pasea como Pedro por su casa a lo largo de la costanera sur y tiene bases aéreas, terrestres y marítimas donde quiere. O sea, se infiltró en el corazón de nuestra sociedad toda.

Es más, si con todos los nubarrones que se ciernen sobre la economía formal del país ésta aún no se ha descoyuntado es porque la vasta economía narco la apalanca.

¿Cuántos millones de dólares se movilizan aquí a diario producto de la drogactividad? ¿Cuánta gente vive directa e indirectamente de ese mercado paralelo? ¿Cuánta influencia ejercen actualmente los barones del narco en nuestra élite política, social y económica?

Ante eso es inevitable preguntarse entonces: ¿Y querrá en serio el Gobierno erradicar ese negocio? ¿No preferirá acaso hacerse un poco el tuerto? En todo caso, ¿hasta dónde será capaz de combatirlo?

ed@columnistaedgarespinoza.com


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