¿Pura vida? o ¿Puta vida?

Sigo sin entender cómo podemos ser la gente más feliz del mundo en el país más caro del mundo.

Vea si no; ese arrocito guacho, con leche, chorizo o frijoles que usted tanto disfruta es hoy un lujo. Un lujazo. Pagamos aquí el tercer arroz más caro del planeta, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Por otro lado, si va a meterle la chancleta al acelerador de su carro, mejor piénselo dos veces. También pagamos el combustible más caro de Centroamérica, según la SIECA (Secretaría de Integración Económica de Centroamérica) y somos 1.600.000 vehículos a toda máquina en la calle.

O sea, hacia donde usted mire, los precios son astronómicos.

La tarifa de luz aumentó en más de un 100% entre 2012 y 2013 y la pregunta inevitable es ¿le estaremos pagando su buena vida al ICE y a la CNFL?

La tarifa de buses en lugares como Guanacaste y Cartago también subió una bestialidad; sólo en la ruta a San Juan de Tobosi superó el 600%, según don Erick Ulate, de Consumidores de Costa Rica.

Así todo. En algunas zonas turísticas -Quepos, por ejemplo-hay bares y restaurantes donde por una simple Coca Cola (sin ron adentro) se dejan cobrar hasta ¢4 mil.

Ante eso, alguien podría decir: “Diay, entonces tírese un fresco de chan, carambola o tamarindo”. Pero no. Con el cuento de que le decoran el vaso con una sombrillita de papel, serpentinas y una raja de piña, le sale igual o peor de “cariñoso”.

Hace poco una señora llevó a planchar el vestido de novia de su hija a la lavandería que está en el AutoMercado de Tres Ríos y le cobraron $140 cuando, por lavar y planchar el mismo traje, le costó $50 en Viena, Austria.

A propósito ¿no nos saldrán más baratos los aires de Europa?

En otros casos es tal la especulación del comercio que a la gente le va mejor pagar los electrodomésticos con tarjeta de crédito -que ya es mucho decir- que a través de los sistemas de crédito de los propios almacenes.

Los precios de las medicinas, de los libros, de las propiedades, de la ropa, de los vehículos y de la comida en general figuran también entre los más elevados.

Un corte de pelo para hombre anda ya por los ¢10 mil, un rezo exprés ronda los ¢15 mil más el café y las rosquillas; la consulta médica de 20 minutos, ¢50 mil, y un “casado” con bisté nervioso y de dudosa procedencia ¢2,600.

No me explico cómo se puede ser tan caro en un país tan pobre.

¿Cómo hace la gente? ¿Cómo sobrevive? A mí francamente la aritmética no me da por más que la estiro y encojo. Por favor… ¿algún voluntario que me baile ese trompo en la uña?

Y es que eso de “meter mano” en asuntos de precios es una cadena infinita. Por ejemplo, ya todos sabemos del garrotazo que Autopistas del Sol nos pega con los peajes a Caldera por transitar sobre una vía miserable. Pues bien, y por si fuera poco, si usted no se pone mosca a la hora de pagar, algunos de los cobradores de peajes le dejan sin el vuelto. Ya me ha pasado.

Vivimos una suerte de asalto nacional permanente ya no solo con pistola; también con leyes, facturas, contratos, cuello blanco, decretos, concesiones… ¡Delincuencia legalizada!

Obsesionado por la plata, todo el mundo vive metiéndole la mano entre el bolsillo al ciudadano sin un gobierno que lo controle o regule.

Lejos de ello, hay que cuidarse más bien del mismo gobierno y de sus políticos, los primeros en darnos por la nuca. Por si ya a usted se le olvidó, cuando el país estaba en medio pleito por el TLC, el presidentito de turno les prometió a los costarricenses andar en motos BMW y carros Mercedes Benz gracias a lo baratos que se pondrían si se aprobaba el tratado. No sólo les tomó el pelo sino que desde entonces todos los vehículos sin excepción han subido de precio mientras en países como Perú, que también negociaron el TLC, bajaron entre $10 mil y $15 mil.

En síntesis, pagamos costos de primer mundo por vivir en un país de quinta categoría en materia de productos, obras y servicios tanto públicos como privados, y aún así seguimos siendo los más felices del planeta.

¿No creen que es hora ya de cabrearnos un poco?

ed@columnistaedgarespinoza.com

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