Putin en América Latina

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Janekeith Durán- Estudiante de Relaciones Internacionales.

Las relaciones de Rusia con Occidente atraviesan una delicada situación producto de la

crisis de Ucrania. La gira de Vladimir Putin por Latinoamérica, hace algunos días, buscaba

crear apoyos entre los países de la región. ¿Los encontró? A pesar de que Rusia ya no

es aquel gigante soviético de la Guerra Fría, aún se configura como un contrapeso a las

políticas occidentales y, principalmente, Estados Unidos.

Una semana antes de la gira, los parlamentarios rusos condonaron el 90% de la deuda

que mantenía Cuba desde los tiempos soviéticos. El 10% restante de la deuda se pagará

en un período de 10 años y será utilizada para inversión en la propia economía cubana y

proyectos conjuntos entre ambos países.

La Habana se convierte una vez más en la punta de lanza de la expansión de Moscú

en América Latina. La visita de Putin acelera el progresivo acercamiento entre ambos

países, en un contexto de relaciones privilegiadas desde el siglo pasado. Hay que tomar

en cuenta que Cuba ha estrechado relaciones con la izquierda que hoy gobierna algunos

países apetecidos por la economía rusa. Por otro lado, en la incesante búsqueda por

recursos naturales, la plataforma continental cubana y su posibilidad de existencia de

hidrocarburos ofrece un gran atractivo para las empresas petroleras rusas.

Putin también visitó sorpresivamente Nicaragua, donde fue recibido por funcionarios del

más alto rango del Ejecutivo y el Ejército. Managua es un socio de vital importancia para

Moscú: fue uno de los pocos en reconocer la independencia de las regiones separatistas

georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, en apoyo a las políticas rusas. Además, Ortega

respaldó la política de Putin en la crisis de Ucrania y criticó las sanciones impuestas por

Estados Unidos y la Unión Europea. Por otro lado, Rusia es un socio vital tras la muerte

de Hugo Chávez y la crisis política de Venezuela, principal socio de Nicaragua.

Argentina es otro actor estratégico de Rusia en América Latina: se ofrecen amplios

apoyos en los conflictos territoriales, Rusia en su caso de Crimea y la situación de

Ucrania, y Argentina por la soberanía de las Malvinas. Durante la gira se firmaron

acuerdos de cooperación en materias de comunicación, asistencia legal en materia penal

y cooperación en el uso de energía nuclear. El país sudamericano es víctima de un déficit

energético que condiciona su débil economía, por lo que Rusia ofrece un respiro.

En Brasil se dieron acuerdos en materias sobre infraestructura, salud, tecnología,

educación y cultura, pero destacan sobre todo las negociaciones sobre defensa

militar, pero también se realizó el encuentro de los BRICS. La plataforma de los países

emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) ofrece un marco en el que Rusia

desafía al monopolio del orden occidental surgido con el desplome de la Unión Soviética.

El mundo ya no responde a una potencia hegemónica, sino que se encuentra en un

continuo reequilibrio del poder internacional.

La cumbre de los BRICS dio inició a dos importantes mecanismos económicos: el Banco

de Desarrollo, para financiar proyectos de infraestructuras, y el Acuerdo de Reservas de

Contingencias, como fondo de estabilización para ayudar en crisis financieras. Ambos

mecanismos surgen como respuesta a la falta de acuerdo internacional para democratizar

organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario

Internacional. También puede verse desde la perspectiva de un grupo de países en

desarrollo con dinámicas economías en los últimos años (pero que se han relentizado)

y que se desmarcan de las instituciones creadas por los países desarrollados que no

terminan de salir de su propia crisis.

La gira rusa por Latinoamérica se dio con el deseo de expandir su base económica y

estrechar lazos con países estratégicos, en medio de la peor crisis entre bloques desde la

Guerra Fría. Los graves acontecimientos de Ucrania en los últimos meses se configuran

como un grave desafío político y diplomático para Occidente. La situación en esa región

del mundo tiende a agravarse cada vez más, mientras que la diplomacia rusa penetra

nuevamente en la zona de influencia de Estados Unidos en la búsqueda de apoyo a

sus políticas. Vladimir Putin llegó a América Latina en una difícil situación, obligando a

Occidente a mirar con lupa sus acciones en la región, pero se fue fortalecido.


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