Tres comentarios y una pregunta: ¿Desbrozar el terreno o encharralarlo más?

El editorial publicado en el diario La Nación el pasado 11 de agosto, titulado Metas de Inflación, sugiere tres comentarios.

Primero. Se indica que la flotación administrada (FA) permitirá al Banco Central “…rescatar la autonomía de la política monetaria”. Depende. En efecto, el Banco Central al adoptar el régimen de la flotación administrada se compromete a intervenir en el mercado cambiario con dos propósitos: evitar las fluctuaciones excesivas del tipo de cambio nominal y “…respetar las tendencias del mercado”.

A fin de cumplir con estos dos propósitos, el Banco Central establece reglas de intervención en el mercado cambiario. Ahora bien, estas reglas dependen, en buena medida, de la manera como el Banco Central interprete el adjetivo “excesivas” y del alcance que le de al verbo “respetar”. Así las compras y ventas de divisas, por parte del Banco Central, pueden ser mayores que en el caso de otros regímenes cambiarios.

Si el régimen cambiario no fuera de flotación administrada sino simplemente de flotación la situación sería diferente por cuanto el Banco Central no intervendría, con independencia de cuál sea el comportamiento del tipo de cambio. Pero este no es el caso, en la actualidad, en Costa Rica.

Por consiguiente, bien podría plantearse la pregunta de hasta dónde cuando el Banco Central adopte el régimen cambiario de la flotación administrada podrá realmente rescatar la autonomía de la política monetaria.

Segundo. Se afirma que cuando se adopta el régimen de las metas de inflación el objetivo de la estabilidad de precios debe estar por “…encima de cualquier otro fin subsidiario de la institución”. ¿Hasta dónde esto es así?

El comportamiento de la economía real (PIB, empleo), a la par del de la inflación, ha sido tomado en cuenta cuando se hace referencia a la flotación administrada. Esto desde el tiempo del papá de la criatura (Taylor). De hecho, tanto Svenson (“Flexible inflation targeting means that monetary policy aims at stabilizing both inflation around the inflation target and the real economy”) como Blanchard; (“Few central banks if any, care only about inflation… the ultimate target remain output and inflation stability) entre otros, son claros al respecto. Así, la FA implica reducir de una parte, la diferencia entre la inflación efectiva y la meta de inflación y de otra, la brecha entre el PIB observado y el PIB potencial.

Países con inflación baja y estable – alrededor de 2% al año -fueron víctimas de la reciente crisis financiera. Por ello, para el Banco Central lograr la estabilidad de precios no es suficiente. La estabilidad del sistema financiero es otro de sus objetivos primordiales. (“…responsibility of central bank to protect financial stability is at least as important as the responsibility to use monetary policy effectively … one of the most important legacies of the crisis will be the restoration of financial stability policy to co-equal status with monetary policy”, Bernanke).

Debe plantearse si el Banco Central tiene varios objetivos. Ahora bien, la importancia relativa de sus objetivos dependerá de las circunstancias concretas que enfrenta el BC, por ejemplo, cuán considerable es la brecha entre el PIB real y el PIB potencial.

Tercero. Se dice que el Banco Central no dispone de instrumentos para resolver los problemas del empleo y de la pobreza. Si por “resolver” se quiere decir que el Banco Central solo puede enfrentar estos dos problemas, todos estaríamos de acuerdo con dicha afirmación.

Sin embargo, cuando el Banco Central modifica la tasa de interés de política monetaria o el régimen cambiario o cuando aumenta o disminuye los encajes, ¿no inciden acaso estas medidas en la evolución de las variables reales de la economía? Y esto no sólo en el corto plazo. En efecto, al incidir en las expectativas de los agentes económicos, sobre todo en cuanto a sus decisiones de inversión ¿no se altera también la evolución de la economía en el mediano plazo?

Claro está que la mayor o menor incidencia dependerá: primero, de las condiciones propias de la parte ascendente o descendente del ciclo económico; segundo, de las decisiones que se tomen en otros ámbitos de la política económica tales como la política de salarios, de tarifas de servicios públicos, de las finanzas públicas, de la apertura comercial y tercero, de la situación de la economía internacional.

En literatura actual se encuentran númerosos argumentos y contraargumentos en relación con los tres temas mencionados en estos comentarios. Ellos son fiel reflejo de importantes discrepancias y de la falta de acuerdo. Por ello no se pretende aunar posiciones, sino tan sólo desbrozar, en alguna medida, el terreno (¿o de encharralarlo aún más?)

Eduardo Lizano
Presidente Honorario
Academia de Centroamérica

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